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Hoy compartimos la entrevista a José María Antrás, vocal de la Junta de Gobierno Mutualidad de la Abogacía, en la que hacemos un recorrido por su carrera profesional, y la evolución del sector legal y la abogacía en los últimos tiempos.
La profesión de abogado no ha cambiado en sus principios básicos como son la independencia y la libertad. Lo que ha cambiado es la forma de ejercer la profesión porque la sociedad ha cambiado y ha debido acomodarse a dichos cambios. Para mí, los dos grandes cambios han sido las innovaciones tecnológicas e informáticas y la globalización con la aparición de los grandes bufetes internacionales.
A los de siempre. Mantener su libertad y su independencia, cualquiera que sea el marco en el que ejerza la profesión, como garantía de los derechos de los ciudadanos en un estado de derecho.
Aclaro que de ramas del derecho solo “he tocado” una profesionalmente: El derecho del trabajo y de la seguridad social, al que me he dedicado especializadamente toda mi vida dirigiendo el Bufete ANTRAS, abogados asociados y en la que sigo. Solo circunstancialmente he estado dedicado al derecho deportivo cuando lo exigió mi vinculación en los 15 años que fui secretario de la Junta Directiva del F.C.B. y responsable de su área jurídica, pero nunca profesionalmente. El mutualismo de previsión social no ha sido tampoco una parcela de mi actividad profesional: ha sido mi vocación desde muy joven y la he podido desarrollar con mi vinculación en la MUTUA DELS ADVOCATS DE CATALUNYA de la que fui presidente y en la MUTUALIDAD DE LA ABOGACÍA, de la que he sido miembro de la Junta de Gobierno por elección durante 45 años, de los cuales 17 vicepresidente.
Tanto en el desempeño de mi profesión de abogado laboralista, como la participación institucional de la abogacía (he sido miembro de la Junta de Gobierno del Colegio de Barcelona de los años 1976 a 1982 y su Decano de 1986 a 1989, compatibilizándolo con la vicepresidencia del Consejo General de la Abogacía), como en mi etapa “deportiva” en el F.C.B. y en el desempeño de mi vocación mutualista, las satisfacciones han superado con creces los tropiezos y disgustos, y me han permitido todas ellas profundizar en lo mucho que aún podemos hacer los abogados para alcanzar una sociedad más justa.
El mayor hito de mi trayectoria profesional no han sido las distinciones recibidas – que agradezco – ni el triunfo en algunos pleitos mediáticos, sino un episodio muy personal e íntimo que viví cuando asesoraba un conflicto laboral en el que tenía de contrario a un abogado socialmente histórico mayor que yo (quiero respetar su nombre) al que admiraba y al que me unía una excelente relación, con el que tratábamos de encauzar el conflicto. Mi oponente estaba bastante enfermo, y un sábado por la tarde me llamó su hijo y me dijo: “Mi padre ha muerto esta tarde y antes de morir me ha pedido que te llame y que te diga que termines y cierres este conflicto como tú sabes que debe cerrarse”. No puede haber mayor reconocimiento ni distinción que haber merecido esta insólita confianza profesional de tu oponente, ni mayor lección de hasta donde puede llegar la lealtad entre contrarios.
El impacto es una auténtica catástrofe que ha afectado principalmente a los trabajadores y ha debilitado a las Empresas cuando no las han cerrado definitivamente, especialmente las medianas y las pequeñas. Me remito a las estadísticas públicas que patentizan la magnitud del daño causado. La única función de los abogados laboralistas ante esta catástrofe ha sido intentar paliar los daños aplicando con acierto y rapidez las enrevesadas normativas que iba improvisando el Gobierno fomentando los acuerdos de los agentes sociales en los ERTOS, con el objetivo de evitar la pérdida de puestos de trabajo y el cierre de empresas.
Si lo que me pide es una valoración personal de mi trayectoria en la Mutualidad, solo puedo decirle tres cosas:
Esto no me corresponde decirlo a mí. Si algún legado dejo me gustaría que fuera el de la lealtad a todos los presidentes y Juntas de Gobierno con los que hemos trabajado para consolidar la realidad actual de la Mutualidad.
Sin el carácter de legado, y como mera curiosidad, quisiera pensar que soy de los pocos que quedamos que hayamos llegado a conocer y tratar a los únicos 4 presidentes que ha tenido la Mutualidad en sus casi 75 años de vida: D. José Bastos; D. Juan Caldés; D. Luís Angulo y D. Enrique Sanz, pero esto no es ningún mérito sino la constatación de que ya he adquirido la condición de “anciano”.